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Ha dado mucho que hablar ese partido amistoso que disputaron las selecciones de España y Brasil. Al margen del resultado, lo cierto es que nos ha defraudado la selección canarinha, ya parecida a cualquier otra y sin ninguna característica distintiva en su juego. No parece que los brasileños atraviesen el mejor momento de su historia, una historia que contempla nada menos que cinco Mundiales.
Pero estos Mundiales –que pudieron ser más- fueron logrados por una buena parte de los mejores jugadores de la historia del fútbol. Para hablar de calidad excelsa hay que echar la vista atrás y acordarnos en primera instancia de gente como Pelé, Garrincha o Vavá. Y, posteriormente, otros destacados futbolistas como Jairzinho, Rivelino o Tostao, que no les iban a la zaga a aquellos. 


Eran tiempos en los que los brasileños eran el emblema del ‘fútbol bonito’, que ganaba y jugaba bien. Otra gente posterior no logró tanta gloria, a pesar de ser recordados por su excelencia, como Nelinho, Sócrates, Falcao o el mismo Zico, un futbolista al que no se le hizo justicia y al que le perjudicó notablemente el apodo ‘El Pelé blanco’ que le pusieron enseguida. 


Otros primeros espadas, que mantuvieron el nivel entre los años setenta y noventa fueron nuestros viejos conocidos Bebeto y Djalminha, Romario, Cafú, Branco o Francisco Marinho, pero la ausencia del máximo título de selecciones se hizo esperar mucho. 


Hasta que llegaron los tremendos Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho o Roberto Carlos, que alcanzaron nuevamente el cénit futbolístico.


Ya han pasado veintidós años de aquello y la magia brasileña se ha borrado. Siguen los contratos publicitarios, las giras propagandísticas y los elogios periodísticos, pero la realidad es que la calidad ha bajado varios puntos porque gente como Luis Fabiano, Adriano, Robinho, Renato Augusto o Thiago Silva no ofrecieron en su día el nivel de sus antecesores.


Todo ello, unido a la temprana emigración de cualquier valor de la cantera brasileña, hace que Brasil no atraviese desde hace muchos años el mejor momento de su historia. Siempre hay grandes expectativas, pero los fracasos mundialistas se están convirtiendo en habituales. Neymar pudo romper la tónica, pero no lo hizo.


Esto viene a cuento por la pobre imagen que nos ha dejado el Brasil del otro día en el ‘Bernabéu’: flojo en defensa, falto de calidad en el centro del campo y con la única esperanza de que varios de sus delanteros (Vinicius, Rodrygo, Raphinha y los recién llegados Endrick y Paulinho) sobresalgan de la mediocridad. Preocupante para aquellos espectadores a los que nos gustaba aquel fútbol tan bonito…

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